HISTORIA ENTRAÑABLE DEL ENCUENTRO DE UN MONTAÑERO, UNA CABRA Y SU CABRITILLO EN APUROS.

Ya os mencioné que este Alfredo Vigil, el montañero asturiano, me había contado una curiosa, y preciosa historia de la que él fue el protagonista, el héroe salvador.
Pero no nos adelantemos...
Alfredo caminaba sólo hacia la cumbre del Cuera, una sierra litoral asturiana, cerca de LLanes y se topó, parada en el sendero, a una cabra. Lejos de huir o apartarse, la cabra intentaba llamar la atención de Alfredo quien se percató de las úbres repletas de leche.
La cabra entonces, con paso lento comenzó a caminar en dirección a unos peñascales volviendo la cabeza como para cerciorarse de que nuestro montañero la seguía, y allí cerca, detrás de una loma, la cabra se detuvo junto a una especie de sima o pozo natural.
Alfredo se asomó y lo comprendió todo. Dentro del pozo, de un par de metros de profundidad y paredes extraplomadas, había un cabritillo prisionero, sin poder salir.
Alfredo se tumbó junto al borde pero no alcanzaba. Entonces el cabrito se irguió y Alfredo logró atraparlo de una oreja e izárlo a la superficie fuera de la trampa.
De inmediato se puso a mamar de su madre con avidéz pues estaba hambriento y sediento y nuestro querido Alfredo siguió su camino hacia las cumbres de Cuera.

Estas historias de animales en apuros y montañeros son bastante frecuentes, Pedro Expósito, Pepe Callau y yo rescatamos a dos perros de caza enriscados en el pico Rigüelo hace un par de inviernos. LLevaban allí cuatro días y hubieran muerto de hambre y sed.

Tambien unos montañeros vascos sacaron a un sarrio de una sima profunda en el karst del Marboré. Mientras uno lo jalaba desde arriba atado de los cuernos con un cordino, el otro lo empujaba desde abajo. ¡De recompensa el sarrió se le orinó y se le cagó encima!

Son episódios entrañables e inolvidables. En el Moncayo, mi cuñado y yo, liberamos de un cepo a un precioso zorro atrapado, por suerte, de las uñas y la almohadilla de una pata.
Mientras hacía presión con todas mis fuerzas para abrir el cepo sentí en la mejilla el aliento del zorro y el roce de sus bigotes. Pero no se me pasó por la cabeza que me pudiera morder o arañar. Ya se sabe, entre "bichos" nos entendemos.

Página ideada y mantenida por Jesús Yarza García
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